Último momento
Opinión

Elecciones en febrero: olor a trampa, ventajas desde el poder y una democracia cada vez más debilitada

La posibilidad de que Figueroa adelante las elecciones provinciales a febrero despierta sospechas sobre una maniobra destinada a acortar los tiempos de la oposición y consolidar ventajas para el oficialismo. La discusión ya no pasa solamente por la fecha, sino por el deterioro de las condiciones de competencia democrática en Neuquén.

Ilustración editorial: Figueroa mueve una pieza de ajedrez con su nombre y derriba la pieza de Sobisch, junto a un calendario de febrero de 2027 con el 14 marcado.
Ilustración editorial generada con IA. No es una fotografía.

La posibilidad de que Rolando Figueroa convoque a elecciones provinciales para el 14 de febrero de 2027 instala una discusión institucional que va mucho más allá del calendario. La versión circula en el escenario político neuquino, aunque todavía no existe una confirmación oficial.

El diario Río Negro publicó un artículo de opinión titulado “Cuando la fecha también juega”, firmado por Mario Rojas, que plantea una advertencia central: la fecha de una elección puede dejar de ser una decisión administrativa para convertirse en una herramienta de poder.

El artículo recupera el concepto de los gobiernos electores, desarrollado por el historiador Luis Alberto Romero, para analizar cómo las condiciones de la competencia pueden influir sobre los resultados electorales.

En Neuquén, esa reflexión adquiere particular relevancia. Aunque el gobernador tiene la facultad de establecer la convocatoria, resulta legítimo examinar las consecuencias políticas de una fecha que podría favorecer especialmente a quienes ya ejercen el poder.

Lo que está en discusión no es solamente cuándo se vota, sino si el calendario electoral puede transformarse en una ventaja para el oficialismo.

Febrero: un calendario a medida del oficialismo

Convocar a elecciones en pleno febrero significaría llevar a los neuquinos a las urnas durante el período de vacaciones, cuando buena parte de la actividad política y social todavía no ha recuperado su funcionamiento habitual.

También implicaría elegir autoridades casi diez meses antes de su asunción, prevista para diciembre.

Una anticipación de semejante magnitud merece una explicación institucional sólida. Resulta difícil encontrar una razón administrativa evidente que justifique semejante distancia entre la elección y el inicio del nuevo mandato.

Mientras la oposición debería acelerar la conformación de alianzas, la selección de candidatos y la organización territorial, el gobierno llegaría a la elección con una estructura política consolidada y la visibilidad permanente que proporciona el ejercicio del poder.

Esa asimetría podría agravarse cuando el calendario reduce los tiempos de preparación de los competidores.

La sospecha es evidente: que febrero no sea elegido por conveniencia institucional, sino por conveniencia electoral.

El riesgo es transformar el calendario en un mecanismo para condicionar la competencia democrática.

El MPN, Sobisch y una interna contra reloj

La discusión se vuelve especialmente sensible por la situación del Movimiento Popular Neuquino.

Jorge Sobisch ha manifestado su intención de competir electoralmente, mientras persisten las controversias sobre la convocatoria a elecciones internas y la posibilidad de que el partido presente candidatos propios.

Gabriel Álamo, presidente de la Junta de Gobierno, y Jorge Lara, titular de la Convención, tienen responsabilidades institucionales vinculadas al funcionamiento democrático del partido.

Una convocatoria provincial anticipada podría reducir los márgenes disponibles para resolver las disputas internas, organizar candidaturas y garantizar la participación de los afiliados.

El resultado podría ser políticamente significativo: un MPN debilitado, sin tiempo suficiente para ordenar su competencia interna y con mayores dificultades para presentar una alternativa electoral.

No existen elementos suficientes para afirmar que haya una estrategia coordinada destinada a impedir la participación de Sobisch. Sin embargo, la eventual coincidencia entre la demora partidaria y un adelantamiento electoral merece ser examinada.

Cuando los tiempos políticos se comprimen, quienes ya controlan las estructuras organizativas suelen quedar mejor posicionados que quienes necesitan disputar candidaturas o construir alternativas.

La responsabilidad de preservar la competencia democrática alcanza tanto al gobierno provincial como a las autoridades partidarias.

La ventaja de competir con una oposición desorganizada

La eventual elección de febrero también debe analizarse en un escenario atravesado por especulaciones sobre acuerdos entre Figueroa y sectores de La Libertad Avanza, el futuro político de Mariano Gaido y las dificultades del MPN para reorganizarse.

Son circunstancias diferentes, pero podrían confluir en un mismo resultado: una oposición fragmentada y con escaso tiempo para construir alternativas competitivas.

El oficialismo, en cambio, dispondría de una estructura de gobierno en funcionamiento, presencia territorial y capacidad de instalar su agenda pública.

El problema no es que Figueroa aspire a ganar una elección. El problema aparecería si utilizara el calendario para mejorar las condiciones de su propia competencia electoral.

Existe una diferencia sustancial entre ganar por respaldo ciudadano y obtener ventajas mediante decisiones adoptadas desde el poder.

La primera fortalece la legitimidad democrática. La segunda puede erosionarla.

Cuando las reglas se acomodan al poder

Una democracia no se mide solamente por la realización periódica de elecciones. También depende de la igualdad de oportunidades, la transparencia de las decisiones institucionales y la posibilidad efectiva de que distintas fuerzas políticas compitan.

La calidad democrática se deteriora cuando las condiciones electorales comienzan a organizarse alrededor de las conveniencias del oficialismo.

No hace falta prohibir candidaturas para perjudicar a un adversario. A veces alcanza con reducir los plazos, dificultar la organización política o establecer condiciones que beneficien a quienes ya cuentan con estructuras consolidadas.

Ese es precisamente el riesgo que debería evitarse en Neuquén.

El verdadero debate que Neuquén necesita

Una elección anticipada también podría comprimir el debate público sobre la gestión provincial.

Neuquén atraviesa un período de enorme protagonismo económico por el desarrollo de Vaca Muerta. Sin embargo, la expansión de la actividad hidrocarburífera convive con problemas estructurales que siguen afectando a numerosos hogares.

El costo de la vivienda, las tarifas, la presión impositiva, la infraestructura y la distribución de los beneficios del crecimiento económico son cuestiones que merecen una discusión electoral profunda.

La riqueza de Vaca Muerta no puede convertirse en un argumento publicitario que reemplace el debate sobre las condiciones de vida de los neuquinos.

La ciudadanía necesita tiempo para evaluar resultados, conocer propuestas y contrastar proyectos políticos.

Una campaña apresurada podría favorecer la instalación de mensajes oficiales por encima de una discusión pública amplia y equilibrada.

Febrero y el riesgo de una democracia a medida

Si Figueroa decide convocar para el 14 de febrero, deberá explicar las razones de semejante anticipación y sus consecuencias sobre la competencia electoral.

La oposición tendrá derecho a cuestionar una decisión que podría reducir sus posibilidades de organización, especialmente en un escenario de fragmentación partidaria.

Neuquén no es una propiedad política del gobernador, y el calendario electoral no debería convertirse en una herramienta al servicio de quien circunstancialmente administra el poder.

La advertencia planteada en Río Negro merece atención porque señala un problema que excede a una elección particular: el deterioro democrático puede producirse mediante decisiones que alteran el equilibrio político sin necesidad de impedir formalmente la participación de nadie.

La convocatoria de febrero todavía es una posibilidad, no una decisión confirmada. Pero sus eventuales consecuencias justifican una discusión pública inmediata.

Si febrero termina siendo elegido para acortar los tiempos de la oposición y facilitar la reelección del gobernador, la decisión tendrá olor a trampa.

Porque una democracia no se fortalece cuando el oficialismo encuentra la manera de competir con ventajas.

Se fortalece cuando quienes gobiernan aceptan competir sin necesitarlas.

Te puede interesar

Política

Lara, el verdugo del MPN

La presión del poder puede convertir a un dirigente que recibió todo de su partido en el ejecutor de su destrucción política. Primero, excluir a Sobisch. Si eso fracasa, impedir que el MPN participe de las elecciones de 2027.